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Se avanza en la personalización de terapias contra la hepatitis B y C a través de tecnologías de análisis genético y molecular, de acuerdo a la información proporcionada por investigadores del Vall d'Hebron Instituto de Investigación (VHIR) de Barcelona, España.
Se aplica la pirosecuenciación ultrasensible (método de secuenciación masiva del ADN) y el análisis bioinformático, junto con otras tecnologías de análisis, lo cual además minimiza los costos y las consecuencias secundarias sobre los enfermos.
Se trata de herramientas diagnósticas sencillas y útiles para captar cuál es el mejor tratamiento para cada paciente.
El VHIR colabora con Roche Diagnostics, ABL y el Centro de Investigación Biomédica en Red Enfermedades Hepáticas y Digestivas (Ciberehd), en un acuerdo financiado por el Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación español.
El convenio, llamado 'Estudio de cuasiespecies de los virus de la hepatitis B y C y de polimorfismos genómicos asociados a respuesta al tratamiento antiviral por pirosecuenciación', facilitará la identificación y precisión de los resultados entre la comunidad científica y empresarial, después de evaluar en cifras las investigaciones.
Roche y ABL orientarán la capacidad tecnológica, la experiencia y el conocimiento de los investigadores del VHIR y Ciberehd aportará el análisis de mutaciones y terapéutica experimental en ambos tipos de hepatitis, en la caracterización de los factores pronóstico de respuesta al tratamiento con antivirales, en genómica computacional, regulación génética y ultrasecuenciación (tiene mayor capacidad, ofreciendo un millón de secuencias de alta calidad).
La infección por el virus de la hepatitis C es un problema que afecta al 3% de la población mundial, una enfermedad crónica que padecen cerca de 200 millones de personas.
La mayoría de los pacientes adquirieron la afección entre los 15 y 25 años, antes de la identificación del virus y el desarrollo e implementación de los tests de diagnóstico.
No se observan síntomas hasta arribar a las fases avanzadas, donde surgen complicaciones como la cirrosis descompensada o el carcinoma hepatocelular.
Las primeras fases de esta hepatitis disponen de pocos recursos para su control; en tanto, en las avanzadas, se convierten en enormes.
Un porcentaje significativo de enfermos precisa un trasplante hepático con el consiguiente aumento en los costos directos e indirectos, pérdida de calidad de vida e incremento de la morbimortalidad.
El virus de esta hepatitis ha infectado a 2.000 millones de personas en el mundo, 400 millones de las cuales lo sufren de forma crónica con evoluciones en muchos casos (25%-40%) hacia la cirrosis y el carcinoma hepautocelular, siendo una de las causas principales de muerte.