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Existe una gran diferencia entre un simpatizante y un obsesivo por su equipo o deportista favorito. Este último, no puede vivir sin tener noticias de su club de fútbol o básquet preferido, asiste religiosamente a cada encuentro que disputan, no puede parar de pensar ni de hablar de ello, no escatima en gastos para asistir a presentaciones y no se pierde ni una noticia que brinden los medios. Así, dejan de lado y postergan sus obligaciones laborales y encuentros con familiares y amigos, distanciándose de su cotidianeidad y aislándose en su propia obsesión.
La psicóloga Gabriela Murgo explicó que la persona enferma de obsesión “deposita su sentimiento de pertenencia en el deporte y se identifica tanto con él que su identidad “pasa a estar en juego” a través de ello.”
De este modo, el fanatismo se vuelve algo rígido que estructura al individuo y lo hace entrar fácilmente en conflicto con prioridades en otros ámbitos de la vida.
Cuando impide que la persona conserve para sí espacios necesarios en su vida afectiva y laboral. Actúa compulsivamente, no puede evitar “saciar sus ganas respecto al deporte de su preferencia”, aunque esto implique dejar de
hacer algo importante.
Un ejemplo es el hombre que mira un partido por televisión porque le resulta más interesante que lo que su familia pueda contarle.
Tanto en el trabajo como en su casa, el obsesivo comienza a faltar “sin aviso” y aumenta el grado de ausentismo, al extremo de ser suspendido o despedido en su relación laboral.
Además, en el plano afectivo, se despreocupa y se aleja de su pareja e hijos.
Tampoco experimenta carencia afectiva de aquellos que se han distanciado por su obsesión. Sostiene una monotonía discursiva (siempre referida al mismo tema) y limita sus vínculos a quienes poseen sus mismos intereses, lo cual agrava el caso, porque el obsesivo no se siente en soledad.
Es importante que la pareja le hable a la persona obsesiva sobre cuánto lo extraña durante sus ausencias. De este modo, el enfermo tomará conciencia de cómo influye su conducta en su entorno.
Es vital que la familia no destaque que su fanatismo le impide estar juntos porque “su obsesión es más fuerte y no la puede soslayar”.
Los allegados deben insistir en la conveniencia de un tratamiento.
Toda la familia debería acordar un momento del dia para encontrarse y hablar de los intereses de cada componente. Todos los seres queridos son necesarios
en la recuperación, ya que mucho depende de ellos que la persona disfrute sanamente de los espectáculos deportivos sin caer en la obsesión.