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La persona que intenta bajar su presión sanguínea a niveles saludables, en principio, debe bajar de peso – en caso de obesidad o sobrepeso-, de acuerdo a un estudio realizado en Estados Unidos, que atribuye a esta conducta el bienestar físico general.
La investigación sobre 35.000 personas efectuada por el Centro Médico de la University of Texas reveló que quienes padecen sobrepeso u obesidad eran más propensos a tener una presión sistólica elevada, esto es el nivel más alto de lectura.
Pero entre quienes reunían un índice de masa corporal (IMC) alto, el estado físico significaba un impacto pequeño sobre su presión arterial. El IMC es una medición del peso en relación con la altura.
Los autores indicaron que estos resultados sugieren que las personas que procuran bajar su riesgo de hipertensión, deberían focalizarse en bajar de peso y que el incremento del bienestar físico correspondería a una segunda meta.
"La obesidad es un vaticinador tan fuerte del peligro de alta presión sanguínea, en tanto que poseer un peso corporal normal es lo que realmente maneja la hipertensión ", dijo la cardióloga Susan Lakoski.
Al menos en términos de reducción del riesgo de hipertensión, "no es realista estar en forma pero gordo", agregó la experta.
Para la evaluación, publicada en American Heart Journal, Lakoski y sus colegas analizaron datos de unos 35.000 pacientes, recolectados durante los últimos 20 años en la Clínica Cooper, en Dallas.
No obstante, Lakoski reconoció que para la salud general y el riesgo de muerte, el bienestar físico es una parte fundamental.
"Lo que quisiéramos ver finalmente en el mundo real es personas que adelgazan y empiezan a mejorar su estado físico", añadió la investigadora.
Uno de cada tres adultos estadounidenses tiene presión arterial elevada -por encima de 140/90-, incluidos más de la mitad de los mayores de 55 años.
Padecer hipertensión pone a la persona en mayor riesgo de sufrir accidente cerebrovascular (ACV), ataque cardíaco y enfermedad renal, lleva a la hospitalización, consultas médicas y ausencias laborales, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).