informaciones sobre salud actualizadas en el ámbito argentino e internacional más polìtica vinculada a la salud en la Argentina salud
Una nueva investigación revela que la gente proclive a sufrir depresión reúne menos posibilidades de experimentar odio, dado que esta enfermedad actúa sobre una zona del encéfalo que regula las emociones.
En los pacientes depresivos “el encéfalo desconecta habitualmente su «circuito del odio», por lo que no hay conexión probable que de origen a una respuesta que contenga este sentimiento, por el contrario, lo inhibe.
Así lo explicaron los autores, de China y del Reino Unido, en un artículo aparecido en la revista Molecular Psychiatry.
Los especialistas evaluaron la actividad encefálica en sujetos con depresión y sanos. A través de imagen por resonancia magnética (RM) encontraron diferencias sustanciales entre los «circuitos cerebrales» de ambos grupos.
Analizaron a 39 personas depresivas (23 mujeres y 16 hombres) y a 37 no deprimidas (15 mujeres y 23 hombres).
“Los resultados son claros, aunque desconcierten”, dijo uno de expertos, el profesor Jianfeng Feng del Departamento de Informática de la Universidad de Warwick.
Añadió que la característica común en la depresión es una repulsión hacia uno mismo, sin evidencias de que la enfermedad lleve a odiar al prójimo.
La desactivación del “circuito del odio” se debe a que la gente depresiva tiene una capacidad disminuida para controlar situaciones sociales y aprender de ellas cuando surgen en las relaciones tal sentimiento.
Es más, el odio es factible que el depresivo lo sienta hacia sí mismo y se incremente como un indicio neurológico, pero no hacia los demás.
El denominado circuito del odio fue descripto por el profesor Semir Zeki, del University College de Londres, ya en el año 2008, cuando lo definió contactado a tres regiones del encéfalo: la circunvolución frontal superior, la ínsula y el putamen.
Zeki se ocupó de mostrar a distintos individuos las fotografías de personas a las que supuestamente odiaban.
Constató en el 92 % de los enfermos de depresión la desactivación del circuito.
Pero este porcentaje sí dio indicios de que los depresivos adolecían de otras alteraciones relevantes en otros circuitos cerebrales.
En concreto, las irregularidades se asociaron al riesgo y la reacción, la recompensa y la emoción, la atención y el procesamiento de la memoria.
Por otra parte, el nuevo trabajo dispuso de fondos del BION («Rutas sintéticas para un procesamiento de información bioinspirado»); se le adjudicaron 1,3 millones de euros bajo el lema «Tecnologías de la información y la comunicación» (TIC) del Séptimo Programa Marco (7PM) de la UE.
Según informaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión afecta a 121 millones de personas en todo el mundo, siendo una de las causas más importantes de discapacidad. Menos del 25 % de los afectados pueden acceder a tratamientos eficaces.
Características de la depresión
La OMS describe esta patología como un trastorno mental común caracterizado por depresión del ánimo, pérdida del interés y del disfrute, sentimientos de culpa y baja autoestima, alteraciones del sueño y el apetito, falta de energía y dificultad para concentrarse. Estos efectos pueden convertirse en crónicos o bien recurrentes y causar al afectado una discapacidad sustancial para ocuparse de sus responsabilidades cotidianas. En su grado máximo, la depresión puede derivar en suicidio, un desenlace trágico por el que mueren unas 850 000 personas cada año.
El propósito del proyecto BION consiste en emplear datos neuroanatómicos y neurofisiológicos como guía para la fabricación de redes autoensambladas complejas y deterministas de elementos poliméricos no lineales dotados de propiedades adaptativas. De este modo, sus responsables pretenden obtener una tecnología nueva para la producción de unidades moleculares funcionales que realicen tareas avanzadas relacionadas con el aprendizaje y la toma de decisiones y que se puedan ajustar hasta la escala nanométrica.
Otra fuente consultada:
http://www2.warwick.ac.uk/