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Ante la muerte de un hijo, hay padres que se despiertan todas las noches porque repiten la escena, una y otra vez, del fallecimiento. Es una carga muy pesada porque se supone que los progenitores tienen que proteger a sus hijos.
Cuando el dolor consume, es aconsejable la integración a un grupo de apoyo adónde también suelen concurrir gente con otras pérdidas como pareja, madres, padres, hermanos, abuelos y nietos.
Según investigadores, la muerte de un hijo es un dolor como ningún otro y es capaz de destruir matrimonios y de atormentar a los hermanos sobrevivientes “que se sienten culpables”. Es un trauma que alcanza a destruir familias, pero que “en mayor medida tiende a unirlas”.
Hay estudios que indican que más de la mitad de los matrimonios que pasan por algo así se disuelven.
Sin embargo, en EE.UU. la organización The Compassionate Friends (Amigos compasivos), evaluó los casos de 306 matrimonios a los que se les murió un hijo y del análisis surgió que la tasa de divorcios fue del 16%. Menos de la mitad de las parejas dijo que la muerte del hijo había incidido en su separación.
Otra investigación de dicha entidad obtuvo con resultado, en 1999, que apenas el 9% de los 253 participantes en la consulta manifestó que se divorció tras la muerte de un hijo. Un 24% señalo que había contemplado el divorcio, pero sin dar ese paso.
La muerte de un hijo genera tensiones en la pareja, pero creemos que la tasa de divorcios es tan baja porque los dos se comprometen a sobrevivir a la tragedia, ayudándose mutuamente", indicó la entidad.
Distintos factores inciden en las posibilidades de que el matrimonio sobreviva, incluido el nivel educativo de la pareja y si buscan ayuda exterior. Otro elemento es si la pareja ya venia encarando alguna crisis cuando se produjo la tragedia.
Amigos, familiares y compañeros de trabajo tienden a decirles a los afectados que "la vida continúa", que hay que superar el mal momento.
De acuerdo a las investigaciones realizadas, los padres admiten que siguen casados pero que corrieron riesgo de que la unión naufragara porque “surge el enojo de uno con el otro”. Asi lo atestigua Christine Frisbee, quien escribió el libro "Day by Day" (Día a día) sobre las vidas de niños que tienen hermanos enfermos.
Asimismo, en Norteamérica hay grupos de contención por asesinatos dentro de la familia: “Padres de Hijos Asesinados”, la que sostiene que “cada persona ante esa circunstancia tiene que redefinir quién es en esa nueva realidad que no buscó”.
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Therese A. Rando, psicóloga de Warwick, Rhode Island, especializada en el estudio y el tratamiento de las personas que han perdido a algún familiar, dice que el concepto de que la muerte de un hijo deriva en divorcios es alimentado por investigaciones con fallas.
"La tasa de divorcios no es superior a la normal", afirmó Rando. "De hecho, me sorprende que no haya más divorcios" como consecuencia de semejante tragedia.