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Una encuesta realizada en Connecticut dio lugar a una demanda a la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas (IDSA), argumentando el fiscal que la mayoría de los médicos se mostraban indecisos, no diagnosticaban ni trataban la enfermedad de Lyme, por lo cual obviaban la versión crónica de la misma, aún habiéndose descubierto que la afección se transmite por la garrapata.
El sondeo publicado en Journal of Pediatrics indicó que sólo el 2 por ciento de los médicos, en el ámbito del Centro de Salud de la Universidad de Connecticut en Farmington, dijo haber diagnosticado y tratado la versión crónica de la enfermedad, según el doctor Henry Feder de dicha casa de estudios.
La mayoría de las asociaciones médicas coinciden en que esta afección debe tratarse con antibióticos por unas pocas semanas, pero algunos médicos y grupos de pacientes insisten en que debería prolongarse el tratamiento, por meses o años, si los síntomas son recurrentes.
Es una infección por un tipo de bacteria (un germen) llamada espiroqueta, cuyos portadores son las garrapatas, que tienen el tamaño de una semilla de sésamo y transmiten la enfermedad al morder a humanos y animales.
Suscita una erupción cutánea de tipo "rash" (un sarpullido), la que aparece entre tres y treinta días después de que una garrapata ha mordido. La erupción usualmente se inicia donde se efectuó la mordedura.
Se presenta una pequeña mancha roja que luego aumenta de tamaño; el centro de la misma puede palidecer, provocando un aspecto blanco de anillo, aunque no siempre ocurre de este modo.
Algunas personas experimentan muchas manchas rojas con ardor, dolor o comezón.
Otros síntomas incluyen fiebre, escalofríos, dolores de cabeza, rigidez en el cuello, fatiga y dolores musculares. Rara vez la enfermedad de Lyme -en su etapa inicial- se disemina hacia el corazón o el sistema nervioso.
Si alcanza el corazón, la persona siente que éste late irregularmente o despacio. La extensión de la enfermedad hacia el sistema nervioso hace que la cara se vea lánguida (una condición que se conoce con el nombre de parálisis de Bell), pudiendo ocasionar entumecimiento en los brazos y piernas, o hinchazón de las membranas que rodean el cerebro, lo cual se conoce con el nombre de meningitis.
Si este trastorno no se trata, es posible que se propague a otras partes del cuerpo.
La citada demanda fiscal precisó la necesidad de separar de un panel de expertos a quienes estaban a favor de prolongar la terapia en las guías de manejo. Si bien esto ocurrió hace dos años atrás, ahora Feder destaca:
"Hay un pequeño grupo de médicos muy activo en Internet y políticamente con un punto de vista distinto a las evidencias.”
De acuerdo al Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, ensayos clínicos rigurosos demostraron que la extensión del tratamiento no ayuda a los pacientes sin signos de infección, aunque sufran fatiga y dolores de cabeza.
Además de aumentar la vulnerabilidad a sufrir diarrea e infecciones por hongos, el uso prolongado de los antibióticos causaría infecciones graves cuando la administración es intravenosa.
Para el diagnóstico, los médicos buscan prurito cutáneo con enrojecimiento en la zona de la picadura de la garrapata, al tiempo que piden un análisis de sangre para registrar la presencia de anticuerpos a la bacteria de origen, la Borrelia burgdorferi.
Si no hallan nada y sin embargo diagnostican la enfermedad de Lyme, Feder opinó que “en realidad estarían pasando por alto otra enfermedad grave.
"Si un paciente va a recibir terapia intravenosa por Lyme, antes debería solicitar una segunda opinión", aconsejó. “Es que esta afección se trata con un solo antibiótico, como la doxiciclina, por vía oral.”
FUENTE: Journal of Pediatrics,