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Los bebés alimentados con biberón desde los primeros meses de vida ingerirían más calorías en la infancia que los que reciben exclusivamente lactancia materna.
En un grupo de 1.250 bebés, al que se hizo seguimiento durante el primer año de vida, un equipo investigador halló que los que recibían biberón (con fórmula o leche materna) en los primeros 6 meses disponían de una menor capacidad de "autorregulación" del apetito en la infancia.
Para los autores, ese "efecto biberón" sería el motivo por el cual estudios previos habían descubierto una correlación entre la lactancia y la disminución del riesgo de obesidad infantil.
En la mayoría de las investigaciones sobre cómo la lactancia protegería de la obesidad, el eje siempre fueron los componentes de la leche materna.
Pero los nuevos resultados sugieren que también influye la forma en que se alimenta a los bebés, señaló la doctora Ruowei Li, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.
La lactancia materna exclusiva induciría a una mayor autorregulación del hambre.
El equipo de Li midió la capacidad de autorregulación de los bebés a los 7, 9, 10 y 12 meses. Las madres informaron la frecuencia con la que sus hijos tomaban un biberón completo o una taza de leche (fórmula o leche materna extraída).
Los expertos observaron que el 27 por ciento de los bebés alimentados con lactancia materna exclusiva durante los primeros 6 meses de vida, siempre o generalmente tomaban una taza o biberón completos, a diferencia del 54 por ciento de los alimentados con ambos y el 68 por ciento de los que sólo bebieron biberón.
Al considerar varias variables, como el peso, la educación materna, los ingresos familiares y la etnia, la alimentación con biberón seguía asociada con una menor capacidad de autorregulación en la infancia.
Los bebés cuya alimentación estaba compuesta por más de dos tercios de biberón en los primeros meses de vida, eran dos veces más propensos a tomar habitualmente toda la taza de leche que los que habían recibido menos de un tercio de la alimentación por biberón.
Es más, esa relación se constató con el uso temprano del biberón, ya sea con fórmula o leche materna extraída.
Li destacó que la obesidad es un problema complejo, en el que intervienen desde la predisposición genética hasta los factores socioeconómicos y el ejercicio. Pero dijo que la alimentación con biberón sería un factor precoz controlable.
Se desconoce por qué la lactancia materna exclusiva induciría a una mejor autorregulación del apetito. Aunque la autora explicó que, cuando los bebés están succionando el pecho materno, controlan la cantidad de leche que consumen.
Si los padres les dan el biberón tratan de que los bebés lo vacíe. “Es posible que eso interfiera con la capacidad innata del niño a regular el consumo de calorías ante las "señales (internas) del apetito".
Li indicó que los padres que usan biberón presten atención a las señales que dan los bebés cuando tienen satisfecho su apetito, como cuando alejan el biberón con la lengua o agitan la cabeza para separarse de la leche.
"No hay que obligarlos a vaciar el biberón", recomendó Li.
FUENTE: Pediatrics,