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Lo que más se sabe sobre sus beneficios se vincula con la piel. La mayoría de la gente, sobre todo las mujeres, tienden a beber agua porque una correcta hidratación protege el cutis y preserva su elasticidad, suavidad y tono.
Se puede agregar respecto a la piel que es una capa es muy sensible a la deshidratación, ya que posee alrededor de un 70% de agua, lo que supone entre un 25 y un 35% del total de la que existe en el organismo. Pero estos niveles hídricos se pierden fácilmente.
Condiciones climáticas como el frío, la sequedad, el calor intenso, la polución, la calefacción, el aire acondicionado, entre otras, influyen decisivamente en la piel, provocándole un deterioro constante.
Los beneficios de una buena hidratación van más allá de los resultados promisorios en la piel.
El agua es esencial para la salud porque interviene en múltiples funciones fisiológicas como la digestión, la respiración o la termorregulación, mientras que influye positivamente en el rendimiento físico y mental.
Por eso, se debe beber agua a lo largo de todo el día. En este orden, el 60% de las mujeres reconoce que no toma suficiente agua; en tanto, en el sexo masculino sólo el 40% bebe escasamente.
Las necesidades de hidratación varían de acuerdo al sexo y la edad más otras situaciones concretas.
Las mujeres tienen que beber –como término medio- 2,7 litros (2,2 litros de bebidas); los hombres, 3,7 litros ( 3 de bebidas).
La cantidad hay que aumentarla frente a temperaturas elevadas o al ejercer un esfuerzo físico intenso.
Beber menos de dos litros de agua diarios genera cansancio, malestar general, calambres musculares, náuseas, dificultad de concentración, dolor de cabeza, incremento del ritmo cardíaco y el empeoramiento de la baja o alta presión arterial, además de agravar algunas enfermedades o afecciones (diarreas, cálculos de riñón, arenillas o infecciones urinarias), más circunstancias especiales de adultos mayores.
Estos afirmaciones responden al “Estudio sobre hábitos de hidratación entre la población española” del Observatorio de Hidratación y Salud (OHS).
La investigación citada especifica que las personas tienen que incluir en su dieta alimentos ricos en agua (verduras de hoja verde, zanahoria, zapallo y calabaza, remolacha, tomate, cebolla, pepino) y variar el tipo de bebidas a lo largo del día, sumando infusiones, refrescos, zumos o lácteos.
El cuerpo humano pierde líquidos continuamente. Junto con las funciones orgánicas en las que interviene el agua que recibimos a través de las bebidas y los alimentos, hay multitud de condiciones cotidianas en las que se pierden más líquidos de lo habitual, un hecho del que generalmente no somos conscientes.
Ejemplos de pérdida constante de agua: esfuerzo mental intenso, como en el trabajo o estudio; no hidratarse correctamente reduce el rendimiento mental y empeora algunas facultades como la memoria a corto plazo, la capacidad de concentración o las habilidades matemáticas.
Por otra parte, la calefacción, al realizar actividades domésticas o al ir de compras, acrecienta el riesgo de deshidratación porque las pérdidas hídricas son mayores. En una tarde de compras se pueden perder hasta 0,6 litros.
Las aglomeraciones de gente, la calefacción de las tiendas y las largas distancias que se recorren con transportes públicos, aceleran el proceso de deshidratación.
Cuando se hace ejercicio hay que beber antes, durante y después del mismo. Hasta los deportes invernales, y aún a pesar de un entorno con frío y nieve, el esfuerzo físico más la ropa oclusiva ocasionan una pérdida de hasta 1,5 litros de agua en una jornada.
Las bebidas que incorporan glucosa y sales minerales, favorecen siempre la rehidratación, no sólo en deportistas, sino también en personas enfermas que toman muy poco agua y se hallan desnutridas (necesidad de vitaminas solubles en agua por envejecimiento y carencias nutricionales, entre otros motivos).
El embarazo y la lactancia modifican las necesidades nutricionales e hídricas. Nunca hay que descuidar que las mujeres en estos estados beban poco.
Es sumamente importante que los adultos mayores ingieran líquido, aún cuando no sientan sed. La deshidratación en esta etapa de la vida es común porque se tiende a beber menos por el deterioro del mecanismo de regulación térmica, la pérdida de la sensación de sed y otras circunstancias que responden a cada caso en particular.