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Es difícil que un estado emocional como la depresión conduzca por sí solo a un cambio biológico tan radical que impida el embarazo, afirmó Francisco Antonio Morales Carmona, académico de la Facultad de Psicología (FP) de la Universidad Nacional Autónoma de México.
De hecho, subrayó, actualmente está más que probada la existencia de factores orgánicos que determinan la imposibilidad de gestación.
En realidad, la depresión acompaña a la infertilidad, pero no es causa de la misma; sin embargo, muchas veces las mujeres o las parejas, como parte del proceso que viven y por su estado, así lo interpretan, indicó el también jefe del Departamento de Psicología del Instituto Nacional de Perinatología.
Entonces, reiteró, se piensa que esto contribuye a perder un bebé o no embarazarse, cuando no hay relación. A veces se habla de la ansiedad que genera la incapacidad de concebir, pero ésta tendría que ser totalmente patológica para alterar el equilibrio biológico de la mujer, abundó.
Morales Carmona añadió que la depresión es un término utilizado en diferentes contextos. Puede ser un síntoma, un estado de ánimo o un trastorno.
En tanto, la infertilidad agrupa a mujeres que pueden embarazarse y no llegar al término de la gestación, y a las que, a pesar de sus deseos de procrear, no lo obtienen. Es importante establecer la diferencia desde el punto de vista psicológico, acotó, porque cuando se pierde el producto se genera un duelo, tristeza y sensaciones de frustración e impotencia.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, más del 90 por ciento de los casos de infertilidad que se presentan disponen de solución a través de tratamientos médicos.
En situación de infertilidad, existen tratamientos psicológicos que consisten en acompañar a la paciente en el proceso de diagnóstico y detección de los factores que contribuyen a su imposibilidad reproductiva. La idea es que la mujer se encuentre en las mejores condiciones emocionales, concluyó Morales Carmona.