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La hipomanía muchas veces es un cuadro de difícil detección. Se caracteriza principalmente por un estado de ánimo elevado, expansivo o irritable (sin la intensidad que tendría en una fase maníaca) pero claramente diferente al estado de ánimo habitual del paciente.
Es un trastorno mental consistente en una elevación anómala del estado anímico. En su transcurso, caracterizado por un delirio de grandeza, el enfermo puede envolverse en asuntos con consecuencias muy graves para las personas allegadas, sus familiares o él mismo. Por ejemplo: endeudarse con grandes créditos para compras generalmente inútiles y cuyo gasto no puede afrontar.
El paciente no se da cuenta de que padece la enfermedad porque “se siente perfectamente bien”, lo cual lleva a un tratamiento difícil. Acumula deudas significativas, actitudes de sobre –generosidad. promiscuidad, ostracismo social y hasta pierde empleos por comportamientos imprudentes.
No siempre provoca un deterioro en el funcionamiento social, familiar o laboral del paciente, precisamente porque los síntomas no llegan a tener la intensidad de un episodio maníaco. Sin embargo, se trata de un estado patológico y, por ello, hay que saber detectarlo a tiempo para evitar que la sintomatología continúe aumentando.
Si se trata de un paciente que por sus características de personalidad es alguien tímido, introvertido, reservado y, de pronto, se lo nota mucho más conversador, con más energía, extrovertido, evidentemente podría tratarse de un cuadro hipomaníaco.
Hagop Akiskal, propone criterios para distinguir la hipomanía de la alegría ‘normal’:
La hipomanía puede convertirse en mania severa o cambiar en depresión.
Asi como aumenta la energía y actividad, el hipomaniaco no padece alucinaciones, no pierde contacto con la realidad. Sin embargo, decide repentinamente cambios en su actividad laboral que no son prácticos, dominado por la impaciencia, conduce imprudentemente, juega, interviene en juergas y aventuras sexuales y puede llegar al suicidio.
Antes o después de estos síntomas experimenta depresión.
Se utilizan las mismas medicaciones que para la mania: estabilizadores del humor como litio, Tegretol, Depakote, Topamax, Lamictil y Neurontin. Hay gente que responde satisfactoriamente a altas dosis de Omega 3 (aceites de los pescados).
Bibliografia:
Akiskal (1987, 2002b). Aspectos clínicos y terapéuticos en el trastorno bipolar. Ediciones Mayo, 2004.