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Algunas personas, tras recibir tratamiento contra el cáncer durante la infancia, alcanzan a padecer trastornos hormonales (endocrinológicos) en el futuro, como efecto de los cambios en la función de un sistema complejo de glándulas llamado sistema endocrinológico.
El sistema endocrinológico se forma por un grupo de glándulas que controlan muchas funciones del organismo, como el crecimiento, la pubertad, la energía, la producción de orina y la respuesta a situaciones de estrés.
Las glándulas del sistema son: la hipófisis, el hipotálamo, la tiroidea, las suprarrenales, el páncreas, los ovarios y los testículos
La hipófisis y el hipotálamo reciben el nombre de “glándulas maestras”, porque controlan a varias glándulas del sistema endocrinológico.
Tratamientos contra el cáncer, lamentablemente, llegan a generar consecuencias contrarias a dicho sistema , lo que ocasiona una suma de trastornos en el paciente.
Las hormonas son transportes químicos que conducen información desde las glándulas del sistema endocrinológico hacia las células del organismo.
El sistema endocrinológico genera muchas hormonas (del crecimiento, sexuales, suprarrenales y tiroideas) que trabajan juntas para realizar un conjunto de funciones específicas del organismo.
Es la elevación de la concentración de una hormona llamada prolactina en el organismo.
La prolactina es una hormona segregada por la glándula hipófisis. Sus funciones principales son el crecimiento de los senos de la mujer en el embarazo y la producción de la leche materna tras del parto.
Una generación excesiva de prolactina lesiona el sistema reproductivo, provocando trastornos ováricos o problemas testiculares.
En las mujeres, una elevación de prolactina llega a producir el trastorno llamado “galactorrea”, que es la generación de leche en una mujer que no se encuentra amamantando, así como una irregularidad de los períodos menstruales o la ausencia de los mismos.
En los hombres, la hiperprolactinemia puede ocasionar galactorrea, así como una disminución en los niveles de testosterona, que termina en una baja del deseo sexual (libido).
En niños y adolescentes, un exceso en los niveles de prolactina es posible que interfiera en el desarrollo puberal.
El riesgo de hiperprolactinemia luego de un tratamiento contra el cáncer es relativamente bajo. Los factores de riesgo son:
* Haber recibido tratamiento con radioterapia en la hipófisis en dosis de 50 Gy (5000 cGy/rads) o superior;
* Aparición de un tumor secundario (con frecuencia no canceroso) en la región de la hipófisis;
* Embarazo;
* Ciertos medicamentos o drogas (como la marihuana o la ingesta de bebidas alcohólicas);
* En casos excepcionales, insuficiencia de la glándula tiroidea (cuando la misma no segrega una cantidad suficiente de hormonas tiroideas) puede ocasionar una hiperprolactinemia. Si el endocrinólogo observa la insuficiencia de la glándula tiroidea, equilibra el nivel de prolactina.
Todos los sobrevivientes de cáncer deben efectuar un control médico completo.
Si se sospecha de hiperprolactinemia, se requiere un análisis de prolactina en la sangre. Si se detecta una problemática, el médico solicita otros estudios (como TC o RMI del cerebro) y deriva al paciente al endocrinólogo, quien realiza una evaluación más exhaustiva.
El endocrinólogo receta una medicación con el objetivo de suprimir la producción de prolactina. En caso de detectar la presencia de un tumor, los especialistas evalúan la posibilidad de realizar una cirugía o un tratamiento con radioterapia. El tratamiento se adapta a cada paciente en particular.
-Fuente: Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición