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Un cuadro severo de estrés en los niños, no corregido a tiempo, puede llevar a patologías psicológicas como la depresión, la violencia y dificultades de concentración en el estudio.
Según el Inventario Cotiano Infantil, instrumentado en la provincia española de Málaga, las causas más comunes que originan esta afección en un orden crítico provienen de la falta de atención suficiente de sus padres, la enfermedad de la obesidad, la recarga de tareas extra escolares y la inadaptación al entorno.
Sufren de estrés severo cerca del ocho por ciento de los chicos entre seis y doce años. El Inventario, creado por un grupo de investigadores de la Universidad de Málaga y galardonado con el premio de Tea Ediciones, es el más prestigioso del país en materia de test psicológicos y, lamentablemente, resalta que el problema aludido “va en crecimiento en las sociedades desarrolladas.”
Existen un abanico de situaciones frente a las cuales los chicos evidencian incapacidad para responder con un comportamiento adecuado.
“ El rechazo de los compañeros, la falta de contacto fluido con seres queridos, las imposibilidades de aprendizaje escolar, el exceso de actividades a los que son sometidos fuera de la escuela y una tendencia a padecer obesidad, hablan de la casuística”, informó María Victoria Trianes, catedrática de Piscología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Málaga.
“No todos los chicos reaccionan igual, depende de su carácter, pero entre los casos graves se dan altos niveles de obligaciones extraescolares», indicó.
El trastorno alerta con signos específicos: conductas depresivas, violentas y decaimiento en el rendimiento escolar, que deben ser motivos de atención de los progenitores, de acuerdo a los detalles suministrados por la especialista.
Agregó otros síntomas graves: excitación, episodios repetidos de alteraciones conductuales y ansiedad.
Trianes, autora del primer libro publicado en castellano sobre la afección,
incorpora entre los desencadenantes circunstancias que ejercen presión en los adolescentes como la imagen propia, la que este grupo etario se niega a aceptar, incurriendo en su mayoría en el consumo excesivo de comida y, en definitiva, cae en la obesidad.
Se observan altas exigencias y el poco tiempo que le prodigan los padres. «Quedarse solos en casa, no poder disfrutar de los que les interesa son otros de los factores», añadió el equipo de investigación de la Universidad de Málaga.
El equipo de investigación de la Universidad de Málaga (compuesto además por María José Blanca, Francisco Javier Fernández-Baena, Milagros Escobar y Enrique Maldonado), considera que hay mayor sensibilidad social sobre esta patología, aunque “todavía los progenitores mantienen escasa relación con la medicina y la educación.”