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Mientras hay niñas de pocos años de edad que no salen a la calle si no es con los labios pintados y zapatos de taco alto; en contraste, jóvenes adultos se resisten a ir a vivir solos y permanecen con sus padres, conformando lo que se conoce como “generación canguro”.
Ambos escenarios son cada vez más usuales en cualquier ciudad del mundo occidental. "Es casi como querer ser grande cuando se es niño, y querer volver a ser niño cuando se conoce lo que realmente implica ser grande", explicó la sicoterapeuta brasilera Ana Olmos.
Este fenómeno se refleja socialmente de varias maneras. Basta asomarse a la calle para ver a chicos extremadamente vanidosos, con ropas y zapatos a la moda, que parecen adultos expertos en la movida fashion y “hasta reuniendo cinco años de edad, las chicas prefieren un juego de maquillaje antes que una muñeca”.
Los especialistas afirman que el síndrome puede ser saludable, ya que toda niña alguna vez usó los zapatos de la madre o un chico la corbata del papá porque “los hijos tienen a sus padres como imagen y se identifican de esa forma con el mundo adulto, lo cual es absolutamente natural", explicó la terapeuta Olmos.
El inconveniente surge cuando esa vanidad pasa a ser asumida por el niño con seriedad y no como un juego. "Tenemos que ponerles límites a nuestros hijos para que no sufran con las consecuencias que implica ser adultos antes de tiempo", señaló la sicóloga Diane Levin, del Wheelock College de Boston, en Estados Unidos.
Autora del libro, "So sexy, so soon" ("Tan sexy, tan pronto"), Levin cuenta que querer ser adulto muy pronto y sin reglas, “causa una sexualización anticipada, con el consecuente acortamiento de la infancia y, en casos más graves, dolencias típicas de la adultez como depresión y fobias.”
Levin atribuye el fenómeno a los medios de comunicación, por su exigencia permanente de belleza. "Para los medios nunca es temprano para ser sexy. Y los niños terminan absorbiendo ese mensaje sin ningún filtro. El problema es que anticipar la sexualidad abrevia la infancia y eso puede ocasionar una serie de trastornos emocionales a toda una generación", predice.en su libro.
Para evitar el surgimiento de adultos en miniatura, la especialista Levin afirma que “padres y profesores deben estar atentos. Conversar más y castigar menos son formas eficientes de alcanzar el mundo infantil.” Según la autora, también “es importante decir no ante los excesos y estimular a los hijos con juegos saludables, que promuevan su creatividad.”
Por otra parte, los jóvenes prefieren atrasar al máximo los compromisos de la vida adulta. Tiempo para dedicarse a los estudios o ahorrar algún dinero, son algunas de las disculpas más comunes para relegar independencia y seguir disfrutando de las comodidades de vivir con los padres.
Los jóvenes llevan una rutina apacible, se apasionan con los juegos de video y electrónicos, salen a practicar deportes con sus amigos, visitan bares y cursan materias de estudio cuando admiten que “ya tendrían que haberse graduado”.
Hay padres a los que no les preocupa tener a sus hijos en casa y “hasta que ellos decidan”.
La “Generación Canguro" es cada vez más numerosa. Esa es la conclusión de la tesis de maestría de la socióloga Regiane de Carvalho, estudiante de la Universidad Federal de Minas Gerais, quien sostuvo que “la mayoría tiene más de 20 años y aún vive con los padres”.
En base a los censos nacionales, la investigadora descubrió que la salida de la población masculina de la casa de los padres es cada vez más tardía.
Por ejemplo, en Brasil, en los últimos 20 años, la proporción de jóvenes que viven en casa de los padres aumentó de 32,2% a 44% entre quienes tienen entre 25 y 29 años de edad. El salto fue de 13,7% a 22,2 por ciento entre los más grandes.
Para la sicóloga Ana Olmos la causa del aumento en la población de jóvenes que prefieren no independizarse de los padres puede ser la "infantilización" de la sociedad. La especialista apunta a los jóvenes sobreprotegidos, cuyos padres evitan que enfrenten dificultades. "Pero los seres humanos sólo maduran enfrentando conflictos, y es difícil arriesgarse en algo si la persona no se maneja con autonomía", expresó Olmos.
El secreto está en el equilibrio: "ni desatención, ni sobreprotección; ese es el secreto para las relaciones familiares exitosas", concluyó.