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Según el estudio anual sobre estrés en Estados Unidos de la American Psychological Association (APA, Asociación de Psicología de Estados Unidos), las mujeres suelen presentar unos niveles de estrés superiores a los de los hombres.
Además, es más frecuente que sean las mujeres las que hablen de manifestaciones físicas de su estrés: molestias estomacales, tensión muscular y cambios en el apetito.
Entre los padres, hay que decir que son ellas las más estresadas: un 15% de las mamás argumenta que sufre un nivel de ansiedad elevado, cuando en el caso de los padres apenas llega al 3%. Asimismo, son más propensas a padecer insomnio y a caer en malos hábitos alimenticios.
El estrés lleva al sexo femenino a estar más horas de lo necesario en el baño o no defecar durante días enteros La acidez suele ser tan intensa que hasta llegan a dormirse sentadas, al punto de que no pueden acostarse para mantener una relación sexual.
Esta situación, en distintos grados, perjudica sobre todo a las madres.
Según sostiene Elizabeth Ricanati, doctora en medicina y directora del programa de bienestar Lifestyle 180 de la Cleveland Clinic: "Las mujeres desempeñan varios papeles al mismo tiempo. Trabajamos fuera de casa, nos ocupamos de los hijos, de nuestros padres ancianos, nos ocupamos de que todo el mundo se lleve su comida al colegio o al trabajo y de las tareas de la casa. Todo esto cuesta un precio."
Las pruebas demuestran que el estrés daña el sistema inmunológico, lo que deriva en muchos de los síntomas físicos descritos anteriormente, pero inciden en muchos problemas emocionales como la depresión o la irritabilidad.
Cualquier persona que observe estos signos debería primero acudir a un médico para descartar causas orgánicas, como un virus.
Una vez que se diagnostique que la dolencia tiene relación con el estrés, hay que ocuparse de los problemas subyacentes. La gestión del estrés significa efectos diferentes para cada persona.
El yoga, hacer ejercicio, o guardar el iPhone en un cajón hasta el día siguiente, pueden ser acciones beneficiosas, aunque es bueno tirarse en el sofá a ver la televisión.
"Es importante tener una visión amplia del estrés -remarca Stephanie Smith, doctora en psicología y psicóloga para la APA-. Si ver un culebrón a mediodía nos relaja, ¡adelante!"
Esta es una idea más para determinar los cambios que hay que introducir en la forma de vida para reducir los síntomas físicos.
Una de las manifestaciones físicas más comunes del estrés es el síndrome de colon irritable (SII). Cerca del 20% de los adultos en Estados Unidos experimenta síntomas de SII y en su mayoría son mujeres.
El estrés llega a exacerbar una patología existente e incluso conduce a su desarrollo.
Sin embargo, hay algunas medidas para adoptar y frenar los síntomas de esta enfermedad intestinal. “Por ejemplo, el ejercicio puede ser muy útil”, destaca el doctor Don Rockey, director del departamento de Enfermedades del hígado y el sistema digestivo en el UT Southwestern Medical Center de Dallas.
Una actividad tan sencilla como caminar contribuye a descargar la energía del estrés y a mantener regularidad.
Por otra parte, es importante evitar los alimentos que no sientan bien, como la cafeína, los lácteos o las comidas picantes.
El estrés no sólo lesiona al estomágo sino que le causa molestias y lo dilata. “Cuando nos estresamos, a menudo dejamos de hacer las comidas a intervalos regulares. Al final, comemos demasiado o elegimos alimentos poco saludables. Un estómago vacío puede ser fuente de estrés para nuestro cuerpo y nuestra mente”, afirma la doctora Ricanat: "altera el ciclo normal del cuerpo y fomenta el aumento de peso".
Sentarse a ingerir un desayuno completo, mientras respiramos con tranquilidad puede no ser una opción muy realista para muchos pero, por mucha prisa que tengamos, es imprescindible.” La experta sugiere algo tan sencillo como un yogur o una manzana y un puñado de frutos secos, aun en el trayecto en coche. Este tipo de alimentos saludables nos dan energía y nos ayudan a empezar el día con la mente más despejada.”
Los indicios del estrés se aprecian en un lugar más visible que la cintura: en la piel. Quien ya padece de una variedad leve de algún tipo de enfermedad cutánea, como acné, rosácea, eccema o psoriasis, empeora con el estrés.
"Prácticamente todas las afecciones de la piel, salvo el cáncer de piel, crecen con el estrés” -explica Pamela Jakubowicz, doctora en medicina y dermatóloga del Montefiore Medical Center de Nueva York.
“En menor medida, las arrugas se deben al estrés, en particular por la tendencia a fruncir el ceño cuando hay preocupación.” Sin embargo, en su mayoría, las arrugas obedecen a la edad y a la exposición a la luz solar.
Para que esos síntomas físicos no se acrecienten , la doctora Jakubowicz propone una rutina de puro sentido común para la piel: beber gran cantidad de agua, usar protectores solares y emplear maquillaje que baje el acné.
Los síntomas físicos, como el aumento de peso, el acné o el estreñimiento es probable que sean efectos de un estrés subyacente; la doctora Ricanati añade: "la gente debería ser optimista, porque somos muy capaces de controlar nuestro estrés".
La cuestión sería, entonces, no consumir las comidas que no caen bien y practicar deporte cuatro días por semana; reservarse tiempo para sí misma; cuidar del jardín, por ejemplo, y pasear.