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Es fundamental encontrar casos incipientes de depresión posparto en toda mamá, de modo de que su bebé no acabe perjudicado en su evolución cognitiva, emocional y social.
La depresión posparto la padece entre el 10 y 20% de las mujeres e incluso repercute en los papás.
El más dañado siempre es el bebé, dado que su vínculo estrecho con la madre es imprescindible para que crezca sanamente en las áreas social, emocional e intelectual.
Recomienda con ahínco la Academia Estadounidense de Pediatría, que los médicos especialistas revisen continuamente a las madres de recién nacidos, de modo de buscar síntomas de depresión para atacarlos de inmediato.
En este sentido, un artículo difundido por la entidad en la revista Pediatrics, advierte, lamentablemente, sobre “retrasos mentales en chicos de madres depresivas.”
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Alarma en el mundo que la depresión posparto conlleva altos costos de asistencia médica por abuso infantil y negligencia, interrupción del amamantamiento, disfunción familiar y circunstancias adversas para el temprano desarrollo cerebral de los hijos.
La madre puede experimentar “la tristeza de la maternidad” entre el tercer y quinto día luego del parto.
Entre el 50% y 80% de las mamás sufre los siguientes síntomas: tristeza, irritabilidad y ansiedad. Sin embargo, en condiciones normales, estas adversidades desaparecen solas tras una semana.
Los especialistas hacen hincapié en una modalidad específica de depresión que repercute sobre el 10 y 20% de las mamás primerizas, acompañada de irritabilidad, ansiedad y hasta sentimiento de culpa con respecto al niño por incapacidad para cuidarlo.
Esta condición puede prolongarse por 10 días después del parto y su tratamiento se encara con terapia y suministro de antidepresivos.
Hay madres que lloran demasiado y no poseen voluntad para levantarse de la cama, mientras temen ser ineficaces en el cuidado de sus hijos o que ellos se mueran.
Otras situaciones mucho más graves crean rechazo u odio de la madre hacia el bebé, con el posible y consecuente abuso físico e infanticidio. La mujer precisa psicoterapia, medicación y, a veces, internación.
Remarca la Academia Estadounidense de Pediatría: “las depresiones en las madres incluyen efectos negativos en el crecimiento cognitivo, social y emocional, y comportamiento del chico.”
Preocupa a la institución “La adquisición del lenguaje porque depende del número de palabras usadas por la familia, del juego, el entretenimiento y las caricias, que no acostumbran practicarse cuando en el hogar la mamá es depresiva.”
El Test de Edimburgo detecta la depresión materna a través de 20 preguntas que las mujeres responden en cinco minutos. El puntaje máximo es 20. Por encima de los 12 significa que la persona corre peligro elevado de deprimirse.
Mariela Servetto, gerenta de los Centros Materno Infantil del Banco de Previsión Social español (BPS), explicó que el test se destina a todas las madres en el puerperio.
“Cuando la entrevista valora la depresión puerperal, se trabaja sobre el sentimiento de la mamá respecto a su bebé”, explicó.
Gustavo Giachetto, director del Programa Nacional de Atención a la Niñez, del Ministerio de Salud Pública español (MSP), informó que tratar la depresión conforma “el accionar médico tradicional".
Añadió: "evaluamos la salud mental como un componente más de la atención integral; los pediatras analizan a los niños y al núcleo familiar.”
Otra circunstancia que merece consideración: la psiquiatra Fabiana Azambuya, explicó que la depresión posparto no sólo genera mal apego entre bebés y mamas, sino igualmente trastornos a largo plazo en aprendizaje de los hijos, conductas y consecuencias desfavorables cuando los padres se separan.
“A los cinco años, el niño mira hacia atrás y si no halla motivación, ni vínculo con la madre deprimida, inicia una etapa de sufrimiento que incluye junto a su propio dolor el de su madre y familia.”
Si la primera relación, que es con la madre, se da mal porque ella no pudo estar presente totalmente, “el apego con otras personas, a lo largo de la vida, no se realiza bien.”
Además de lesionarse la evolución cognitiva, emocional y social del futuro niño, se afecta el desarrollo temprano del cerebro, como la migración neuronal o la formación de sinapsis, que dependen de factores genéticos y del entorno.