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Se dan tres etapas bien diferenciadas en la asistencia a personas mayores dependientes, que provocan sin lugar a dudas estrés en el 85% de los cuidadores informales, que generalmente son sus propios hijos.
“La tipología y emociones que se sufren ante la atención habitual de gente mayor atraviesa por diversas fases”, de acuerdo a la neuropsicóloga del grupo sociosanitario Igurco de España, Ainara Castaños, quien además no dejó de referirse al “tratamiento y la asistencia que deben tomarse a favor de los cuidadores, porque se convierten en una población vulnerable”.
Castaños dictó una conferencia, bajo el título 'Técnicas de afrontamiento del estrés y técnicas de negociación', englobada dentro de la tercera edición del programa de formación para familiares de personas mayores dependientes, que impulsó el grupo sociosanitario Igurco con el patrocinio de IMQ Ayuda.
La experta explicó: "una vez que el proceso de cuidados se establece y el estrés hace mella, aparece el síndrome del cuidador: la primera fase se caracteriza por la autodefensa. Niega la enfermedad del anciano; quiere creer que está simplemente distraído, que es algo temporal, que su estado puede responder a una depresión. Todo ello, no quita, sin embargo, que el familiar se vea inquieto e intranquilo; circunstancia que logra enfrentar–aún positivamente- si dispone de contención afectiva.
Luego de la primera fase, el familiar asimila la enfermedad de sus padres y el cambio que provocará no sólo en sus progenitores sino en el entorno familiar.
Esta fase es muy perjudicial psicológicamente para el hijo, especialmente si no expresa y comparte su dolor con su entorno social.
Castaño señaló: "los sentimientos dolorosos que entrañan la aceptación de una realidad acaso irreversible pueden seguir, comúnmente, con tristeza, “vivir un proceso de duelo en vida”, echar de menos y con mucho padecimiento a la persona que está enferma”.
Los cuidadores difícilmente consiguen apartar el carácter negativo de pensamientos y sentimientos.
“La gran mayoría experimenta sentimientos negativos contra sí misma, erróneos, rígidos, exigentes y muy críticos ”, añadió la neuropsicóloga.
Estos pensamientos se denominan disfuncionales; se manifiestan en algunas situaciones como creer que nadie sabe cuidar al mayor dependiente; el hijo que se ocupa de sus padres no quiere delegar tareas en gente contratada para tal fin, la controla sin discontinuidad, y llega a atribuirse egoísmo por dedicar tiempo para sí mismo.
Lo detallado en el párrafo precedente debe ser motivo de reflexión por parte de los hijos, ya que se encuentran en el medio pensamientos que hacen mucho daño.
Ante estas circunstancias, el hijo ya está atravesando por un estrés patológico; entonces, debe ponerse bajo la asistencia de un médico de Atención Primaria, o de un psicólogo especializado en cuidadores, “porque el problema debe afrontarse de una manera profesional, señaló Castaño.