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“La psiquiatría perdió su esencia”. Así lo manifiesta el doctor Daniel Carlat, psiquiatra de Boston, quien describe de la siguiente manera el estado de su especialidad: "En los últimos 20 a 30 años, esta profesión pasó de tratar de entender a la persona y su psicología a diagnosticar enfermedades y medicar".
Agrega: "Perdimos la curiosidad psicológica. Y ese es el alma de la psiquiatría".
Carlat publicó un nuevo libro "Unhinged: The Trouble With Psychiatry. A Doctor's Revelations About a Profession in Crisis" (Free Press, 18 de mayo del 2010).
Según el profesional, la aparición de los fármacos como Prozac (fluoxetina), un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina (ISRS) y sus primos, como Zoloft y Paxil, con efectos adversos relativamente limitados, hicieron que las recetas se multiplicaran.
“Hoy, los psiquiatras pasan 20 minutos con un paciente de tanto en tanto, básicamente para ajustar los medicamentos, a diferencia de la hora o más que se necesita por semana para comprender sus problemas.”
Algunos especialistas aseguran que eso refleja una ciencia más madura, que resuelve los problemas más rápido y más eficientemente. Pero, de acuerdo a Carlat, eso no es necesariamente así.
También – aduce el autor- se produjo un cambio en la forma de pensar y hablar de los trastornos mentales. “En el caso de la depresión, por ejemplo, los médicos hablan de una deficiencia del neurotransmisor serotonina.
A primera vista, eso tiene sentido, pero sólo significa que los ISRS pueden tratar la depresión y no que los psiquiatras poseen a su alcance la capacidad de comprender qué sucede en el cerebro. De hecho, nunca nadie halló una prueba de la deficiencia de la serotonina.”
"Tenemos una forma abreviada y 'neurologizada' de hablarle a los pacientes, y usamos términos como deficiencia de la serotonina o de la epinefrina". Carlat se pregunta: "¿Sabemos de qué estamos hablando cuando usamos esas palabras?".
Mientras que nadie comprende por completo lo que sucede en el cerebro de una persona con depresión, el experto comenta que “la industria farmacéutica aprovechó rápidamente el modelo médico de la enfermedad mental para promocionar sus fármacos costosos de manera cuestionable.”
En su libro, denuncia que el gigante farmacéutico Wyeth le ofreció 750 dólares a cambio de tener un almuerzo breve con médicos de atención primaria.
“La idea básica era respaldar los fármacos psiquiátricos del laboratorio, como Effexor. Wyeth, -que luego pasaron a integrar Pfizer-, llevándolo a conferencias muy costosas, donde líderes de opinión de la psiquiatría hablaron sobre los últimos ensayos clínicos.
"Sabía que si quería tener otro trabajo, otra llamada telefónica, otra invitación a cambio de otro cheque por 750 dólares, tenía que decir algo positivo sobre sus fármacos y que había que disimular algunos de sus efectos adversos", admitió Carlat.
Luego de haber cobrado 30.000 dólares y reconocer que se había convertido en un arma alquilada, comenzó a hablar francamente sobre los efectos contraproducentes.
"Los médicos son tan vulnerables a la tentación del dinero, el marketing y los incentivos financieros como cualquier persona", asevera.
Minimizar los conflictos de intereses no le devolverá a la psiquiatría su esencia. Para empezar a desandar ese camino, Carlat sugiere en su libro una combinación entre la psicoterapia y la psiquiatría.
Declara un problema: los psiquiatras no tienen tiempo para más que diagnosticar y medicar a sus pacientes. De hecho, ni siquiera tienen tiempo para eso.
“Según un nuevo estudio, sostiene, hay que sumar 40.000 redactores de recetas de medicamentos psiquiátricos a los 30.000 existentes para reducir la brecha en el sistema de salud de Estados Unidos. Entrenar a tantos psiquiatras sería extremadamente costoso.”
“¿Cuál es la solución? Entrenar un poco más a los psicólogos y dejarlos prescribir los fármacos más comunes. "Tenemos entre 80.000 y 100.000 psicólogos en el país (...) y la mayoría sabe lo que hay que saber para ser un buen psiquiatra".