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Los profesionales psiquiátricos vienen advirtiendo desde un tiempo que los universitarios de hoy en día sufren más enfermedades mentales que los de hace una década.
Avala este concepto un estudio de la Universidad de Hofstra en Hempstead, Nueva York, bajo la conducción del doctor John Guthman de la Universidad de Hofstra, cuyas conclusiones se presentaron durante la CXVIII Convención Anual de la Asociación Americana de Psicología celebrada en San Diego.
Guthman ha identificado que en los últimos diez años, "los estudiantes buscan consejos por sufrir problemas psicológicos más importantes y un estrés emocional grave.”
Por otro lado, reconoció que “los jóvenes ingresan más fácilmente a la universidad, que en el pasado, accediendo a una mayor educación y luego de un mejor apoyo en su infancia.”
El equipo de Guthman ha analizado las grabaciones de los 3.256 estudiantes que acudieron en busca de ayuda y consejo--en una universidad privada de tamaño medio-- entre 1997 y 2009.
Los jóvenes fueron agrupados según enfermedades mentales, pensamientos suicidas y daño auto inflingido.
Para su tratamiento, se aplicaron evaluaciones clínicas, entrevistas estructuradas y cuestionarios de depresión y ansiedad.
El 93% presentó al menos una enfermedad mental en 1998. Un 96 por ciento en 2009 y, en ambos años, mostró que el principal inconveniente respondió a un trastorno de ansiedad, continuado por dificultades de adaptación e impedimento en el cumplimiento de sus actividades.
El equipo no encontró ninguna distinción importante de clase social o edad.
No obstante, Guthman destacó que la depresión y la ansiedad se conservó constante en la última década.
Sin embargo, la depresión moderada pasó a severa del 34 al 41 por ciento en estos años. "Estos valores atípicos demuestran la baja percepción que existe sobre la cantidad de estudiantes con problemas emocionales", subrayó.
El incremento de los casos más graves de depresión y ansiedad se ligaría a que cada vez aparecen más jóvenes que arrastran problemas previos de salud mental, explicó Guthman.
"Sostienen más problemas de adaptación social y, aunque la mayoría no la padece, quienes buscan auxilio, en general, se hallan solos, deprimidos y asiduamente con la asistencia de medicación".
En este aspecto, el estudio detectó una amplificación considerable del uso de psicofármacos entre los jóvenes. En 1998 el 11 por ciento reconoció tomar estas medicinas, sobre todo para depresión, ansiedad e hiperactividad (TDAH). En 2009, el porcentaje se acrecentó a un 24 por ciento.
Pese a estos datos, Guntham informó resultados positivos: descendieron los pensamientos suicidas. En 1998 el 26 por ciento de los estudiantes confirmó haber considerado alguna vez en suicidarse; en cambio en 2009, sólo el 11 por ciento lo dijo.
Para Gunthman, este decrecimiento refleja "la mejoría general que se ha dado en la prevención de suicido por medio de la educación, como la accesible atención específica.”
Finalmente, el especialista ha recalcado que hasta hace unos años, "la mayor parte de los estudiantes iban en busca de consejo a los servicios de asesoramiento porque habían roto con sus parejas o suspendido un examen; en tanto, actualmente, acuden por cuestiones emocionales y buscando tratamiento mental por las mismas razones que acontecen en la población adulta".