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La nutrición ortomelecular, un concepto reciente en la medicina, consiste en proporcionar la concentración óptima de sustancias presentes en el organismo, con el fin de corregir alteraciones y mantener una buena salud.
Así indica el doctor Linus Pauling, catedrático de la Universidad de Stanford (EE.UU), dos veces Premio Nobel, quien acuño la definición de esta modalidad de alimentación.
El especialista se refiere a proporcionar a las células las cantidades óptimas de nutrientes.”Si al organismo se le brindaran los micronutrientes para su correcto funcionamiento, no se manifestarían muchas enfermedades”.
En resumen, la prevención reside en la nutrición.
Hay que saber con tiempo si se la padece para prevenir complicaciones:
Ejercicio diario (una hora de caminata)
Evitar sobrepeso y obesidad.
Reducir la ingesta de sodio. Utilizar sal vegetal.
Aumentar el consumo de vegetales crudos y frutas en general; las cebollas y los ajos son especialmente útiles.
No ingerir alcohol, café, tabaco y sustancias excitantes.
La fibra previene la hipertensión.
Limitar o suprimir el azúcar e hidratos de carbono porque retienen sodio.
Mantener buenos niveles de magnesio.
No incurrir en la deficiencia de ácidos grasos poliinsaturados.
No beber agua con gas; entre otros perjuicios, destruye la vitamina E, fundamental para la actividad cardíaca.
Cocinar al vapor, no freír.
Practicar yoga, tai chi, meditación y técnicas de relajación.
Frutas, verduras y hortalizas en general.
Aceite de oliva.
Aceites de semillas, frutos secos y de pescado.
Acelgas, zanahorias, cereales integrales, germen de trigo, levadura de cerveza y hongos por su alto potasio.
Ajos y cebollas ejercen efecto vasodilatador.
Algas, peces de mar, mariscos y arroz integral: fuentes importantes de yodo.
Soja, alfalfa, trigo sarraceno y hojas de rábano: controlan hipertensión.
Apio: diurético y vasodilatador.
Col y hojas de nabo: fuentes de calcio.
Calabaza: rica en potasio y con poco sodio.
Magnesio: cereales integrales, frutos secos no salados, sésamo y levadura de cerveza.
Legumbres: disponen de potasio, magnesio, calcio, fibra y escaso sodio.
Limón: contiene bioflavanoides.
Pera: acción diurética y rica en potasio y yodo.
Pomelo: protege las arterias, diurético y fluidificante de sangre.
Uvas: sus elementos antioxidantes previenen la hipertensión y patologías cardiovasculares.
La vitamina E es potente vasolidatador, elimina la posibilidad de coágulos; la C, previene la hipertensión; en esta última, sus bioflavonoides reducen la agregación de plaquetas, protegen y mejorar los capilares nerviosos.
Calcio y magnesio deben suministrarse juntos.