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“Nuestros descubrimientos contribuirán a una revisión crítica de los libros usados en educación y de otros materiales de aprendizaje -siempre en relación con la edad en la cual se introducen los conceptos de tiempo- y el contexto en el cual se demuestran”, aseguró Yael Orbach, jefe de una investigación llevada a cabo en la Universidad de Bethesda, en los Estados Unidos.
El científico recalcó la importancia de que los niños estén familiarizados con la terminología utilizada para explicar cómo transcurren los eventos en el tiempo.
Agregó que es necesario realizar prácticas frecuentes para que usen de forma correcta los conceptos temporales cuando narran sus propias experiencias.
En su opinión, dichos ejercicios son importantes para que los chicos generen narraciones más largas, reconstruyan experiencias pasadas, relaten las circunstancias en orden cronológico y logren elaboraciones en torno a los sucesos que vivieron.
Orbach consideró que una de las técnicas usadas en su instituto, en el marco de la Universidad de Bethesda, podría ganar un lugar en las aulas para obtener información de los niños y como herramienta para mejorar su capacidad de memorización.
Kim Roberts, por su parte (desde Canadá), también explicó qué efectos pueden obtenerse en la educación.
En una investigación, dirigida por Roberts, encontraron que los niños retienen más información y relacionan diferentes fuentes (como la maestra o los libros), si se abre un cierto espacio de tiempo entre la primer y segunda clase sobre un tema.
Al aprender un contenido, la demora entre las dos experiencias iniciales debe ser suficientemente larga como para que los chicos olviden algo del material.
De esta manera, sin embargo, alcanzan a recordar lo estudiado durante más tiempo que si el período de tiempo otorgado fuese corto.