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Mediante la enseñanza de prácticas alimentarias saludables a una edad temprana, se ayuda a que los niños adopten una actitud apropiada hacia la comida.
Una manera de comenzar a aprender más acerca de las necesidades nutricionales es leyendo –padres e hijos- sobre el tema y/o hablando con un profesional para, luego, brindarles elecciones, de manera que sepan optar por lo que es mejor para ellos en calidad y cantidad. Esto constituye el aprendizaje del autocuidado responsable.
También la escuela es una fuente para impartir conocimientos, si incrementa la motivación con talleres de cocina, asesoramiento de nutricionistas, material gráfico y encargando tareas para el hogar.
Una alimentación variada, que incluya frutas y verduras diariamente, implica una actividad que tienen que emprender las madres para proteger a sus chicos de la obesidad y otras muchas enfermedades derivadas.
Aunque suene duro, es necesario exponerlos doce veces a un mismo alimento para que, finalmente, lo acepten. No es preciso pelear sino ofrecer frutas y verduras, una a la vez, combinando colores y en distintas preparaciones junto a alimentos que los chicos ya conocen y son de su agrado.
Hay que elegir momentos tranquilos; si el ámbito es de bajo estrés, los niños suelen aceptar innovaciones más fácilmente. Hay que servirles porciones pequeñas porque lo más probable es que rechacen una porción muy grande.
También es importante invitarlos a colaborar en la puesta de la mesa, hacer las compras, lavar las frutas y verduras, o que formen parte de la preparación de los platos, lo cual los puede estimular con una mayor predisposición.
Ya sea con la maestra y los compañeros de clase, con la guía de una nutricionista, o bien con la mamá, se les puede enseñar:
Cuando no existe forma de que los chicos consuman verduras, no queda otra opción que procesarlas y colocarlas junto con otros alimentos que son de su gusto.
Las hamburguesas caseras pueden elaborarse con carnes y vegetales rallados muy finamente, como la zanahoria y la cebolla.
A las empanadas, rellenarlas con espinaca y queso o jamón, tomate y queso; o bien, carne con verduritas picadas como tomate o zanahoria.
Preparar pizzas que incorporen brócoli, palmitos u otras verduras.
Las torres de panqueques permiten crear pisos de lechuga, atún, huevo duro, tomates picados, jamón o paté con zanahoria rallada y mayonesa.
Para acompañar las pastas, las salsas pueden cocinarse con tomates, zanahorias y morrones muy picados.
Ofrecerles tostadas de pan lactal con revuelto de huevos y verduras; milanesas con pencas de acelga, rodajas finitas de berenjenas o zapallitos.
Por último, es factible camuflar en pasteles de carne o pollo, purés, sopas, budines y tartas.
La prevención de la obesidad y de la diabetes en niños ayuda a adueñarse de la propia salud para cambios necesarios y para mantenerlos a largo plazo.
Se debe apuntar a la niñez por tres causas fundamentales:
1) Es la mejor etapa biológica para la creación de buenos hábitos.
2) La aceptación es mayor y el aprendizaje es rápido.
3) Porque niños sanos significan adultos sanos.
Fuente: Lic. Viviana Viviani, nutricionista argentina especializada en obesidad