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Quien se excede con el alcohol sufre los síntomas clásicos: la cabeza que parece estallar, el mareo, la incapacidad de concentrarse, la debilidad física y una sed extrema. El cuerpo queda maltrecho, básicamente porque el organismo invierte la glucosa para metabolizar el alcohol; la glucosa es azúcar y el azúcar es energía. La persona se debilita en todos los aspectos.
El exceso de alcohol ataca al sistema nervioso central y provoca sueño e irritación; corrompe mecanismos químicos del cerebro, irrita las mucosas del aparato digestivo, causa náuseas, vómito y diarrea, e inhibe la acción de la hormona antidiurética, causando sensación de boca seca.
La ingestión en extremo de alcohol potencia el aumento de peso y la acumulación de grasas en el abdomen. "El consumo permanente puede causar lesiones cerebrales, diabetes tipo 2, úlceras e inflamaciones en el estómago y el intestino, hepatitis, depresión, lesiones en los riñones, en la vejiga, la próstata y el páncreas, entre otras dolencias", alertó la nutricionista Fabiana Honda.
1. La principal causa de la resaca es la deshidratación provocada por el alcohol, un potente diurético que estimula la pérdida de líquido en el cuerpo. Se debe beber mucha agua antes, durante y después de una noche de copas. Antes de ir a dormir hay que tomar agua nuevamente, ya que así el organismo metaboliza el alcohol y se libra de las toxinas. Los jugos de cítricos como limón y naranja son excelentes, porque ingresan al cuerpo antioxidantes, protectores y vitamina C. Asimismo, se recomienda tomar isotónicos para reponer sales minerales.
2. Evitar el café negro para espantar la resaca, ya que se trata de una bebida que tiene propiedades diuréticas, es decir, que deshidrata aún más el cuerpo.
3. Consumir alimentos de fácil digestión para aligerar la carga del organismo, ya forzado a procesar el exceso de alcohol. "Opte por una alimentación liviana, pobre en grasas, rica en frutas, vegetales y líquidos. Incluya galletas livianas y panes salados. El alcohol aumenta la acidez e irrita la mucosa estomacal; los alimentos salados y secos desaceleran la producción de ácido, y le dan fuerza al hígado para procesar las toxinas del alcohol. Olvídese, en cambio, de la salsa blanca, los quesos amarillos y las frituras”, indicó Honda.
4. Ningún medicamento en el mercado es capaz de resolver todas las secuelas de una borrachera.
5. El alcohol, por donde pasa, suscita problemas. En el cerebro, actúa sobre las neuronas; primero causa desinhibición y luego aletargamiento. Cinco horas después de la ingesta de alcohol las células cerebrales comienzan a recuperarse, pero quedan muy sensibles; por eso la luz y el ruido molestan tanto. Al día siguiente los daños aún no están reparados, y por eso es tan difícil recuperar la concentración. “Descanse: mantenga la luz apagada, las cortinas cerradas y quédese en cama”, añadió la profesional.
6. Algunas hierbas ayudan. El té (sin cafeína) facilita el proceso. Los jugos que mezclan naranja y limón reponen las fuerzas del organismo. Otra combinación ideal es la de naranja, ananá y zanahoria. Cualquiera de los jugos aquí mencionados es el complemento perfecto del descanso posterior a una noche de tragos.
Fuente: MinhaVida, Brasil.