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"Un adicto no es alguien que desconoce los efectos nocivos de la sustancia sobre su salud física y mental. En general tiene algún grado de conciencia de los daños que puede causarle el consumo" , aseguró la licenciada Lila Isacovich, quien remarcó que quizá quien fuma no posee la información pormenorizada, pero seguramente sí lo elemental como para comprender los perjuicios que se provoca.
La coordinadora Institucional de Fundación Buenos Aires destacó que sin embargo el fumador persiste en conductas autodestructivas, y niega o pasa por alto las advertencias.
Al parecer, la perseverancia está basada en la satisfacción inmediata que encuentra el adicto como la posibilidad de comer un bocado de más, encender un cigarrillo, inhalar una línea de cocaína, tomar un excitante o un alucinógeno, con las enormes diferencias que comportan los distintos tipos de consumos.
"La lucha contra la adicción al tabaco no queda fuera de estas difíciles condiciones. Y por supuesto que a lo estrictamente personal hay que sumarle la presión que ejercen los intereses económicos del sector", subrayó Isacovich y agregó: "No obstante, y a pesar de todo esto, comprobamos que en los países donde el Estado tomó el tema a cargo suyo, se constató una disminución del consumo de tabaco .
Esto es visible en general en nuestra cultura, donde se desarrolló una conciencia antitabaco que permite que hoy, en lugares públicos, exista una normativa y haya consenso en cuanto a la prohibición de fumar".
La especialista informó que, en las consultas diarias, constatan un aumento de la preocupación por dejar el cigarrillo más en los adultos que en los jóvenes; para estos últimos aún está asociado con el ingreso al círculo de los mayores.
"Advertidos de lo difícil que resulta ser consecuentes con la determinación de abandonarlo, el pedido de ayuda se relaciona con el desequilibrio que suscita la abstinencia: irritabilidad, inquietud ", resumió, al tiempo que recalcó que "aparece la necesidad de sustituirlo por otro calmante de la ansiedad oral, en general la comida, siendo común engordar unos kilos mientras dura el período de abstinencia".
A las recomendaciones habituales de reemplazar el vicio por actividad física, la profesional agregó "algún fármaco que provisoriamente ayude, un ejercicio manual cada vez que sobrevenga el deseo de fumar".
" Pero si se trabaja en la terapia esta relación con el fumar, empiezan a surgir -si se presta la debida atención- las situaciones puntuales en las que se prende un cigarrillo , y apreciamos los múltiples e inestimables servicios que presta: iniciar una conversación, encarar a alguien, distendernos, compartir un café, una sobremesa, pensar un tema, disponernos a escribir, conciliar el sueño, acompañarnos", apuntó Isacovich.
Y finalizó: " Cada cigarrillo encendido deja al desnudo cierta carencia, alguna insatisfacción, un conflicto, que vela el humo .
Si el paciente logra ir prescindiendo de las pitadas, tendrá una oportunidad de aproximarse a conocer lo que se traga junto con la nicotina y el alquitrán".