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Tomar menos bebidas endulzadas podría ayudar a bajar la presión arterial, dijeron investigadores estadounidenses, en un hallazgo que se suma a crecientes evidencias que apoyan la reducción del consumo de refrescos azucarados.
El equipo encontró que las personas con sobrepeso y presión alta, que bebían una bebida menos por día, registraban una disminución significativa en su presión arterial en 18 meses.
Hay que reducir a la mitad el consumo de refrescos.
"Observamos que si se baja el consumo de bebidas azucaradas, se podría ayudar a disminuir la presión arterial", dijo la doctora Liwei Chen, del Centro de Ciencias de la Salud de la Luisiana State University, cuyo estudio apareció en la revista Circulation.
"Si se consumen dos porciones menos, probablemente se bajará aún más la presión arterial", sostuvo Chen.
Comer demasiado azúcar no sólo hace subir de peso, sino que es un factor clave en la diabetes, la enfermedad cardíaca y el accidente cerebrovascular (ACV), de acuerdo a la Asociación Estadounidense del Corazón.
Varios estados, incluyendo Nueva York y California, están considerando cobrar un impuesto a las bebidas endulzadas para enfrentar el costo de tratar las enfermedades relacionadas a la obesidad.
Un reporte del Instituto de Medicina de Estados Unidos declaró que la hipertensión es una "enfermedad ignorada" y causa una de cada seis muertes.
La investigación de Chen analizó específicamente el perjuicio del consumo de azúcar en la presión. El equipo usó datos de 810 adultos de entre 25 y 79 años con hipertensión en el límite (lecturas entre 120/80 y 139/89) e hipertensión en la etapa I (lecturas de 140/90 y 159/99).
Luego de 18 meses, los pacientes habían reducido el consumo en media porción y tanto la presión sistólica -el nivel máximo cuando el corazón late- como la diastólica -el nivel mínimo entre los latidos había caído significativamente.
Según Chen, los adultos estadounidenses toman un promedio de 2,3 porciones de bebidas endulzadas por día.
La Asociación Estadounidense de Bebidas argumenta que los refrescos azucarados no amenazan a la salud y no son el único factor de riesgo de la obesidad o la enfermedad cardíaca.