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Se detalla a continuación una síntesis vinculada a los efectos de los hechos sucedidos en Japón con las instalaciones nucleares. Los “desastres” humanos en contra de la población son desmenuzados en esta nota por investigadores y especialistas, refiriéndose a la naturaleza y a la mano del hombre en contra de un país.
Se agregan en este artículo las consideraciones de los mayores expertos en radiactividad y medio ambiente del Instituto de Física de La Plata-Conicet de la Argentina, organismo de reconocimiento mundial que suma su aporte a la Industrial Safety Agency-Japón (Nisa).
Se reconoce que las mediciones de dosis de radioactividad han llegado a valores por encima de los naturales, por uno de los reactores Fukushima 2 Daini, perjudicado por un incendio –después controlado- luego del terremoto y tsunami del 11 del corriente.
Este complejo con valores radiactivos registrados depende de puntos de medición, por lo cual el riesgo se instaló por su acercamiento o no a los edificios de los reactores.
Todas las medidas tomadas hasta el momento están de acuerdo con los protocolos de seguridad internacionales, pero para considerar y predecir las consecuencias de otros motivos que afectarán a la región: incendios en las destilerías de petróleo, material almacenado que arrasó el tsunami, restos de viviendas y amenazas de epidemias biológicas debido al colapso del sistema de cloacas y agua, entre otros, se ha elaborado especialmente este artículo.
Las radiaciones son un tipo de energía que está en la naturaleza. Una gran parte del suelo, en cuanto a su material, se constituye de uranio y las estrellas –el Sol- emiten radiación.
También las radiaciones se hallan en aplicaciones artificiales como la energía nuclear médica, la radioterapia que se utiliza para tratar el cáncer, o los rayos X. Todo ello significa que el ser humano no escapa de exponerse a la radiación ambiental.
La unidad de medida de la radiación es el Sievert (Sv), y el hombre alcanza a soportar sin grandes consecuencias hasta.4 mSv (milisievert.
Si la dosis crece aumenta el peligro de enfermarse de cáncer. El cuerpo –en una de las formas- absorbe las partículas que las radiaciones se ocupan de atravesar los tejidos e impactan en el ADN de las células, provocando alteraciones que a largo plazo pueden causar mutaciones y cáncer.
Inclusive es factible que este procedimiento pase inadvertido y se manifieste en dos generaciones posteriores.
Asimismo, la radiación alcanza a inhalarse. El elemento químico entra en el cuerpo, se metaboliza y es probable que permanezca durante mucho tiempo descargando radiaciones.
El plutonio tiene la probabilidad de fijarse en los huesos y los pulmones y originar diferentes tumores.
La Dra. Elena Rivera, del Departamento de Radiobiología de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires, explicó: “la radiación controlada no ofrece riesgos; de hecho, a veces es necesario tomar una radiografía y eso no implica peligro. Sin embargo, alertó, “en el caso de quienes trabajan bajo niveles de exposición a radiación mayor como radiólogos, en medicina nuclear o realizadores de diagnósticos por imágenes, se les permite 20 mSv al año”.
Agregó: “entre 300 y 500 mSv es una dosis letal, aunque hay casos de sobrevivientes con esta cantidad a quienes se les hizo un trasplante de médula”.
Según el Organismo Internacional de Energía Atómica, poco después de la explosión en el reactor 2 de la planta Fukushima Daiichi, se registraron picos de hasta 400 mSv por hora.
Fuentes: Isabel Cittadini -Prensa y Comunicación Institucional del Conicet Bs. As., Lic. Enrique A. Rabe (ACS/Conicet Santa Fe, Argentina.