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El ántrax es una enfermedad infecciosa aguda causada por el Bacillus anthracis, que es una bacteria transmitida en forma de esporas por el aire, sobre todo a través de armas.
La contrae el ser humano por contacto con animales infectados o tejidos provenientes de animales que adquirieron la bacteria.
Las esporas llegan a generarse en grandes cantidades con conocimientos básicos de biología. Se almacenan por décadas sin perder su potencial. Son fácilmente esparcidas en el aire por medio de misiles, cohetes, bombas, artillería y hasta aerosoles; por ello, se consideran dentro de las posibles armas bacteriológicas.
Dependen de la vía de contagio. Si las esporas entran por la piel -mediante una herida- la infección se inicia como una picadura de insecto, transformándose luego en una vesícula y, finalmente, en una úlcera indolora de unos 3 cm de diámetro con tejido muerto en su interior. Se trata con antibióticos y raramente es mortal.
Si se obtiene por esporas inhaladas o respiradas, comienza con un resfriado común; después, se convierte en afecciones respiratorias con la aparición rápida de hipoxia (suministro inadecuado de oxígeno en el cuerpo), disnea (dificultad para respirar) y temperatura alta. Esta modalidad es generalmente motivo de fallecimiento.
En carne contaminada, provoca una aguda inflamación del tracto intestinal, náuseas, vómitos con sangre, fiebre y diarrea; entre el 25 y 60 % de los casos son mortales.
Más raramente puede presentarse con fiebre aguda y alta, convulsiones y pérdida de la conciencia, signos y síntomas meníngeos.
Presunto: Es compatible con casos confirmados o presuntos en animales o con productos de origen animal contaminados.
Probable: Posee una reacción positiva a la prueba alérgica cutánea (en personas sin vacunar).
Confirmado: Lo constatan exámenes de laboratorio.
El antibiótico de elección es el Ciprofloxacino a dosis de 400 mg vía endovenosa, o el Levofloxacino.
La alternativa es la penicilina G, que debe administrarse lo más precozmente posible, en dosis de 2-3 millones de unidades, cada 4-6 horas, al menos durante 7 días.
Si el cuadro es grave o se trata de localizaciones no cutáneas, las dosis deben ser de 20-24 millones de unidades, por vía intravenosa, durante 10-15 días, según la evolución.
Las mejores medidas para la prevención de la enfermedad en los individuos expuestos son la protección de la piel y de mucosas y la vacunación.
Es importante el uso de guantes y mascarillas, para lo cual se necesita una educación sanitaria.
En personas expuestas y sin síntomas, se utiliza el ciprofloxacino oral o la doxiciclina oral.
La vacuna, elaborada con el antígeno protector purificado, consta de tres inyecciones subcutáneas de 0,5 mL con 2 semanas de intervalo, y una dosis de recuerdo anual.