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El Mal de Pott, o la TBC de columna vertebral, es la afección más frecuente después de la pulmonar, representando el 40% de las tuberculosis osteoarticulares. Quienes más padecen esta enfermedad son los hombres adultos.
La histología ósea esponjosa del cuerpo vertebral favorece el alojamiento del germen y, rápidamente, compromete el disco y el cuerpo vertebral vecino.
El micobacterium tuberculoso llega a la columna desde un foco primario extraarticular, casi siempre pulmonar y en ocasiones genitourinario.
El paciente se siente sin fuerzas, decaído, con pérdida de apetito y peso y con fiebre vespertina.
El paciente -en la localización lumbar- no tiene fuerzas para extender el tronco. Esto, unido a la irritación y cambio de carácter, especialmente en los niños, obliga a un tratamiento inmediato para evitar complicaciones y signos tardíos (neumonía, paraplejia no recuperada).
Aparecen tardíamente, pero pueden hacerlo en forma temprana y dejar secuelas.
Se presenta en la región torácica por derrumbe anterior de los cuerpos vertebrales.
Sucede una destrucción vertebral y necrosis, sin signos locales de inflamación bacteriana.
Este absceso se labra camino de acuerdo a los planos de clivaje anatómico y a la gravedad de cada caso.
En la región cervical, se originan abscesos retrofaríngeos (afectan tejido conectivo y ganglios linfáticos), en la vaina de los escalenos (músculos superiores), o hacia distal al mediastino posterior (se crea infección que puede llevar a la perforación del esófago cervical).
En la columna torácica, entumecen el ligamento longitudinal anterior y lateral y se extienden hasta el diafragma.
En la columna lumbar, los abscesos se deslizan hacia distal por la vaina del psoas (un músculo que se relaciona con el diafragma, riñones, colon, arterias) y pueden presentarse en los triángulos femoral y lumbar. También emergen en la región glútea.
Si un absceso se abre hacia el canal raquídeo, origina complicaciones neurológicas.
Se inician con falta de fuerzas de las extremidades inferiores, a nivel lumbar y de muslos. Los niños, en especial, tienen dificultad para levantarse y deben ayudarse con las manos para ponerse de pie.
La paraplejia puede instalarse a continuación en forma lenta y progresiva o bruscamente.
La forma lenta, se debe a una invasión meníngea con compromiso circulatorio e inflamatorio que induce a una isquemia irreversible medular (disminución del riego sanguíneo) y no se cura con el tratamiento médico ni quirúrgico.
La paraplejia brusca invade el canal raquídeo. Puede ser flácida (compresión a nivel radicular, lumbar) o espástica, por compresión medular a nivel torácico.
La medicina asegura una mejoría con la descompresión rápida del disco o el cuerpo vertebral.
Cuando la compresión es por absceso (la mayoría de los casos) se puede tratar en forma conservadora con buen resultado, o quirúrgicamente, evacuándolo por punción o llegando al cuerpo vertebral a través de una costotransversectomía (resecamiento).
La cirugía se practica excepcionalmente para tratar complicaciones y estabilizar la columna ante un dolor persistente.
Se indica:
Fuente: Escuela de Salud Pública, Facultad de Medicina, Chile