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Demoras de uno a cinco años para un diagnóstico definitivo, mientras que los síntomas
digestivos hoy se atribuyen a problemas socioeconómicos, emocionales y laborales
Diversas investigaciones europeas coinciden en que alrededor del 45 por ciento de casos de inflamación intestinal alcanza un diagnóstico definitivo después de un año de experimentar síntomas digestivos, en tanto el 17 por ciento de los pacientes tras haber transcurrido cinco años con este proceso inflamatorio.
El retraso se debe a que la patología también puede vincularse a otras enfermedades como inmunodeficiencia, espondilitis anquilosante, artritis reumatoidea, hidrosadenitis o uveítis, según un estudio divulgado por el Complejo Hospitalario Universitario de Canarias (España), que además destaca que el 30 por ciento de la población de la isla se ve afectada por sintomatología intestinal.
Del análisis realizado por el establecimiento sanitario, surge que un 65 por ciento de los pacientes revela que sufre un continuo cansancio por dificultades socioeconómicas; un 28,3 padece inconvenientes de orden emocional, y
un 22,6 por ciento tiene problemas laborales.
La demora en el diagnóstico y tratamiento del carácter “impredecible” de la inflamación en los intestinos empeora la calidad de vida, por lo que un mejor pronóstico solo se logra con un tratamiento temprano y el consumo de fármacos que varían de acuerdo con los casos leves, moderados o agresivos, indicó Marta Castillo del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital.
Los síntomas más comunes, son dolor abdominal, sensación de cansancio permanente, diarrea que puede acompañarse de sangre, mucosidad o pus, fiebre, anemia, evacuación incompleta y lesiones anales en modo de fístulas o úlceras, agregó Castillo.
Enfermedades asociadas
Inmunodeficiencia: el sistema inmunitario no cumple con el papel de protección que le corresponde y deja al cuerpo vulnerable a infecciones. Por factores externos las personas llegan a sufrir alergias, desnutrición, SIDA y cáncer.
Los agentes nocivos pueden ser células extrañas y sustancias que interfieran con el correcto funcionamiento del organismo, como bacterias, hongos, virus y parásitos.
Espondilitis anquilosante: es una modalidad de artritis crónica que afecta mayormente los huesos y las articulaciones en la base de la columna, donde esta se conecta con la pelvis. Las articulaciones se inflaman y cabe la posibilidad de que las vértebras se unan.
Hidrosadenitis: aparición de zonas inflamadas (axilas, brazos, ingles, genitales, glúteos) factibles de incluir abscesos, forúnculos o fístulas.
Uveítis: una inflamación de la úvea, formada por el iris, el cuerpo ciliar y la coroides, que en conjunto forman la capa media del ojo entre la retina y la esclerótica (parte blanca del ojo).