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QUINTA ENFERMEDAD: INFECCION LEVE EN NIÑOS Y ADULTOS, RECOMENDACIONES MEDICAS
Cerca del 50% de las personas de todo el mundo estuvo alguna vez infectada por el parvovirus B19 durante su niñez o adolescencia.
Quinta Enfermedad
La afección más común es la "quinta enfermedad", con sintomatología leve. Se acompaña de un sarpullido, con mayor frecuencia en los niños, quienes suelen mostrar un exantema (enrojecimiento) de mejillas y un exantema rojo reticular en el tronco y las extremidades; en ocasiones, produce picazón y desaparece en el término de una semana a 10 días.
Los chicos, en general, no se sienten muy enfermos y una vez recuperados de la infección desarrollan una inmunidad duradera, lo que significa que quedarán protegidos contra futuras
infecciones.
Los adultos se enferman con la presencia de sarpullido o exantema, o ambos, dolor e inflamación articular. Los síntomas de orden articular se van en una o dos semanas, aunque pueden durar varios
meses.
La quinta enfermedad se cura sin tratamiento médico en niños y adultos que no tienen otros problemas de salud. El dolor e inflamación articular en los
adultos, tras su recuperación, no deja ningún tipo de discapacidad a largo plazo. En el transcurso de los brotes, aproximadamente un 20% de adultos y niños infectados no reúnen
síntomas.
Embarazo y quinta enfermedad
Por lo general, no hay complicación grave para una mujer embarazada o su bebé. Como la mitad de todas las mujeres ya fue infectada por este virus, resulta inmune,
se halla protegida y tampoco afecta al bebé.
Aún si una mujer es susceptible y se infecta, lo más probable es que solamente tenga una enfermedad leve. De manera similar, su bebé no experimentará problema alguno atribuible al virus.
Sin embargo, algunas veces la infección hace que el bebé padezca una anemia severa cuando todavía está en el vientre de la madre, lo cual e factible que genere un aborto espontáneo. Esto
sucede en menos del 5% de todas las embarazadas infectadas con el parvovirus B19 y se suscita en la primera mitad del embarazo. No hay evidencia de que la infección cause defectos congénitos o
retardo mental.
Cómo se contagia este virus
Se encuentra en las secreciones respiratorias (por ejemplo, la saliva, el esputo y el moco nasal) de personas infectadas antes de que surja la erupción cutánea,
cuando simplemente parecen tener "un resfriado". El virus es probable que se propague de una persona a otra por contacto directo con dichas secreciones y si se comparten vasos o utensilios.
En un hogar, hasta un 50% de las personas susceptibles, expuestas a un miembro de la familia que tiene la quinta enfermedad, puede infectarse.
En brotes escolares, del 10% al 60% de los alumnos llega a contraer esta enfermedad.
Cuándo recurrir al médico
Quien presenta los síntomas debe solicitar atención médica, al igual que aquellos que estén o haya estado en contacto con la persona infectada. Un examen de sangre determina si existe inmunidad o
infección.
La mujer que no es inmune debe hacer todo lo posible por no quedar expuesta al virus en situación de embarazo.
No hay una recomendación universalmente aceptada sobre cuál es la mejor forma de atender a una mujer embarazada infectada.
Algunos médicos tratan la infección del parvovirus B19 como una condición de poco riesgo y siguen con los cuidados prenatales normales.
Otros médicos pueden incrementar la frecuencia de las visitas médicas y hacer pruebas de sangre y ultrasonidos para monitorear la salud del bebé. Sin embargo, el beneficio de estos exámenes en
esta situación no es evidente.
Si el bebé por nacer parece estar enfermo, hay opciones diagnósticas y terapéuticas disponibles, y su obstetra discutirá con los padres estas opciones y sus posibles riesgos y beneficios.
Prevención
No hay vacuna o medicina que prevenga esta infección. El lavado frecuente de manos es recomendado como uno de los métodos más prácticos y quizá efectivos para reducir la transmisión.
Excluir a los pacientes del trabajo, centros de cuidado de niños (guarderías), escuelas u otras situaciones similares probablemente no vayan a evitar la transmisión, puesto que las personas
enfermas son contagiosas antes de que sufran el sarpullido característico.
Por ello, los centros sanitarios tampoco aconsejan que las mujeres embarazadas dejen de ir al trabajo cuando existe un brote de la quinta enfermedad; consideran que la no concurrencia a lugares
públicos es una decisión personal que cada mujer debe tomar después de hablar con su familia, su médico y su empleador.
Fuente: Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica