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EL ESTRES PREDISPONE AL CUERPO A CONTRAER DEPRESION, SIDA Y CANCER
La literatura científica reúne abundante material que relaciona el estrés y las enfermedades físicas y psíquicas. Al respecto, el psicólogo de la Universidad Carnegie, Mellon Sheldon Cohen,
comprobó que el estrés contribuye en particular a la depresión, las enfermedades cardiovasculares y tambien el HIV/SIDA.
El estrés o presión extrema que somete a una persona, desencadena una respuesta del sistema endócrino del cuerpo, que libera ciertas hormonas que, a su vez, influyen en muchos otros sistemas
biológicos, incluido el inmune.
"Además de actuar sobre la regulación de procesos inflamatorios, el estrés tiene el potencial de influir en la depresión, en las enfermedades infecciosas, sobre los trastornos autoinmunes, en los
males coronarios, y en al menos algunos cánceres", describió Cohen en sus conclusiones, publicadas en el Journal of the American Medical Association (JAMA).
"La mayoría de las personas se enfrentan con acontecimientos traumáticos aun estando libres de enfermedades. El estrés aumenta el riesgo de desarrollar trastornos en la salud, pero eso no implica
que por el único hecho de estar expuesto a situaciones estresantes uno vaya a enfermarse", aclaró Cohen.
Depresión
Al parecer, las pruebas más sólidas de que el estrés contribuye a la mala salud proviene de los estudios vinculados con la depresión. Según Cohen, los mayores culpables de la depresión son
determinados tipos de estrés, que técnicamente son conocidos como "estresores sociales": el divorcio y la muerte de un ser querido.
Por otro lado, la depresión también es común entre las personas que han sido diagnosticadas con una enfermedad grave, lo que sugiere que la afección física en sí es un evento estresante que
puede conducir a la depresión.
Pero no todo se queda en la depresión y en situaciones tan extremas como la muerte de un ser querido o generar una enfermedad mortal. Otras presiones cotidianas, como las que a diario se
pueden padecer en el trabajo, llevan a un estrés tal que desemboca en enfermedades cardiovasculares como la cardiopatía coronaria.
SIDA
Menos claros son los resultados del sondeo que relaciona al estrés con el HIV/SIDA, pero lo cierto es que de todos modos hay estudios que, desde el año 2000, vienen demostrando que hay una
conexión entre la existencia de ambos.
Para Cohen, los efectos del estrés pueden vincularse con el cada vez más complejo y exigente régimen farmacológico al que deben sujetarse los enfermos de SIDA. En ese caso, la presión estaría
impuesta por la necesidad de seguir el tratamiento al pie de la letra.
A esto se suman los cambios en el sistema nervioso autónomo causados por el estrés, que también contribuirían a la progresión de la enfermedad por influir en la replicación del virus del HIV
(cuando una persona está estresada, sus glóbulos blancos disminuyen notoriamente, y esto reduce la capacidad del sistema inmune del organismo para defenderse de los agentes extraños, como virus y
bacterias).
Las personas difieren en cuanto a las sucesivas fases de la infección por HIV: mientras que algunas permanecen asintomáticas durante largos períodos de tiempo y responden bien al tratamiento
médico, otras sufren numerosas complicaciones e infecciones oportunistas. Para Cohen y sus colegas, el estrés puede explicar parte de esta variabilidad en el avance del HIV dentro del cuerpo.
Cáncer
Por último, las investigaciones sobre el papel que podría jugar el estrés en los casos de los tumores cancerígenos no han dado resultados uniformes.
Uno de los problemas en este sentido es que los expertos que evalúan la influencia del estrés en la evolución del cáncer se enfrentan a muchos inconvenientes, como el hecho de que el cáncer puede
estar sin diagnosticar durante mucho tiempo, razón por la cual es difícil medir con precisión su desarrollo.
Por otrolparte, hay muchos tipos de cánceres, de modo tal que los especialistas se inclinan a pensar que es factible que el estrés sólo influya en aquellos que se relacionan con la respuesta
hormonal del organismo y con la existencia de un sistema inmune muy empobrecido o inexistente.